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25.11.06

En el Laberinto del Fauno (y V)

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Tenemos a la niña, que usa la tiza mágica para escapar de su cuarto y llegar al del Capitán. Y tenemos al monstruo, que se cree seguro y sin rival. Este monstruo ha subestimado a Mercedes, el ama de llaves, y a Ofelia, pensando que no tienen poder suficiente como para enfrentarse a él, por la sencilla razón de que nadie lo tiene. Recuerda que, en este preciso instante, él todavía no sabe que los maquis han salvado a Mercedes y han matado a un puñado de sus oficiales; y, por supuesto, tampoco sabe que la niña está oculta en algún lugar de su habitación, esperando el momento para rescatar a su hermano.


Es muy significativo que Ofelia utilice la droga del médico para acabar con el Capitán, ya que es lo más “mágico” que puede encontrar en el mundo de los adultos. No entiende cómo, pero sabe que esa pócima puede hacerle dormir o, al menos, atontarle. Utiliza, además, una treta aprendida de su andadura fantástica, lo que nos indica que ha madurado gracias a ella: para poder llevarse a su hermano, tiene que “meter la medicina en la boca del Capitán”, como ya hiciera con las tres piedras de ámbar para vencer al Sapo.

Consigue embotarle, pero el monstruo se mantiene en pie. En su lucha por seguir consciente, ve a la niña con el bebé en brazos, delante de él… desafiante. Le vemos con dificultades para andar, como un animal herido, y en verdad lo es: acaba de enterarse de que varios de sus hombres han muerto, y hay más maquis de los que él creía acechando el molino. Pero sigue vivo, vaya que sí, y no piensa dejar que le arrebaten a su descendiente. Empieza una carrera enloquecida, entre tinieblas sólo iluminadas por las explosiones del ataque de los maquis. La fuerza física del Capitán, así como su poder, se debilitan por momentos. Y entran en el laberinto.


Aquí, la magia y la realidad se dan la mano de una forma deliciosa, en el momento en que el propio laberinto ayuda a la niña a escapar, porque incluso las paredes de piedra la reconocen como princesa, y es su deber hacer lo posible por que vuelva a su reino. Esto es lo que sucede si lo vemos desde el punto de vista de Ofelia, de manera fantástica, mientras que hay una explicación racional a este mismo hecho: el aturdimiento del Capitán por la medicina, unido a que la niña ya conocía el camino por haber ido más veces, hacen que ella llegue primero.

Dejemos al monstruo vagando por los pasillos y vamos al centro; allí nos espera un gran desenlace. El Fauno la recibe, con los brazos abiertos y la daga de oro que ella misma consiguió. Ofelia le apremia, porque la persiguen, y él dice que la única forma de entrar en el mundo de fantasía es derramando la sangre de un inocente; por tanto, el bebé tendrá que ser sacrificado.


No. Ésa es la respuesta. Ella ha crecido, y se ha dado cuenta de que su hermano no tiene a nadie más. Además, le prometió una vida mejor, lejos del odio adulto. Ahora el niño es su responsabilidad, y no va a permitir que le pase nada malo. Ni siquiera por ser de nuevo la princesa que un día fue. El Fauno se lo reprocha: ella había prometido obedecer sin rechistar. Pero, igual que el médico en su momento cumbre, la niña se rebela contra una orden indigna. Y él se retira.

El Capitán ha llegado al centro del laberinto y, sin saberlo, ha presenciado el final de la conversación. Y digo sin saberlo porque, como bien recordarás, sólo ve a la niña, con el bebé en brazos, de espaldas a él. El Fauno es invisible a sus ojos. Ofelia está sola. Y se acerca a ella, le arrebata al niño y, sin más contemplaciones, la mata.


Pero no acaba con ella. Ése ha sido el último obstáculo, el último mal trago que debía pasar para demostrar quién es realmente. Al dar la vida por su hermano ha demostrado que está preparada para ocupar su lugar como princesa, en un mundo donde al fin puede vivir en paz con sus padres y, sobre todo, con ese niño al que le prometió un día que sería príncipe.

Ignorando todo esto, el Capitán sale del laberinto con la criatura, para encontrarse con que su poder ha acabado. Intenta imitar a su padre, para que su hijo le recuerde como un héroe, pero Mercedes se encarga de darle el golpe de gracia: el niño no sabrá ni que existió. Cuando le disparan, el Capitán ya está muerto. Con ese disparo, como con el corte en la boca, nos muestran su naturaleza monstruosa. Y esta vez, además, no lo puede camuflar.


Me gustaría, como conclusión, presentarte una teoría desarrollada por Mr. Forfy y por mí.

Ofelia, con su dulzura y su fantasía, es para nosotros la inocencia, que no puede luchar contra el odio de la guerra, y muere en sus manos. Pero no está todo perdido. La esperanza, ese hermano que ha protegido con su vida, pasa a los hombres cuando el conflicto se acaba.

Como bien dice Mr. Forfy, podemos considerarlo también como el cambio a la democracia, cuando el poder pasa de manos del fascismo (el Capitán / UNO) al resto del pueblo (los maquis / TODOS). Esta idea, aunque cobra más fuerza cuanto más pienso en ella, me parece demasiado específica. Creo que no es casual que todos los maquis estén tras Mercedes cuando ella recibe al bebé, pero no veo ahí a la democracia en concreto, sino algo más general: la posibilidad de un futuro mejor. Incluso puede que el bebé, cuando crezca, recuerde algún cuento de hadas de su hermana mayor, permitiendo así a los hombres recuperar un poco de lo que ella representaba.

Todas las pistas están ahí… para el que sepa dónde mirar.



23.11.06

En el Laberinto del Fauno (IV)

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Mercedes estuvo ayudando a “los del monte” desde el principio. Muy pronto, apenas la conocemos, vemos que guarda un cuchillo en la cintura de la falda. Ahí muestra su dualidad. Es una mujer débil y sumisa, pero sólo en apariencia, porque tiene un secreto; algo peligroso, un as guardado en la manga que demuestra que no es en absoluto la mujer que aparenta ser. Y es este secreto (mujer de aspecto débil que esconde un cuchillo; sirvienta del franquismo que esconde una relación con los maquis), lo que salva su vida, en las dos ocasiones en las que ésta corre peligro. Mostrarse como en realidad es, una persona fuerte y con principios, es lo que le da la victoria frente a los que la infravaloran diciendo que es “sólo una mujer”.


Ésta es la clave para Ofelia. La única manera de vencer todo el odio que hay a su alrededor es mostrándose como en realidad es, la princesa de un mundo fantástico, frente a los que la menosprecian diciendo que es “sólo una niña”. Por eso el Fauno vuelve a aparecer, y por eso ella se aferra a él y a lo que él representa. Cuando aparece el Fauno de nuevo, ya no es la niña que desobedece por orgullo, sino que ha crecido; los momentos horribles que ha pasado le han hecho madurar. Puedes pensar que lo hizo porque era su última oportunidad de escapar, ya que creía que Mercedes había muerto en las torturas, y seguro que eso es una razón para aceptar el ofrecimiento del Fauno… pero creo que hay algo más.

El Capitán


La tercera misión es mucho más similar a las otras dos de lo que parece, pero a la vez es mucho más difícil. En este caso, como en los otros dos, tiene que superar su miedo para conseguir algo muy valioso, mágico: su hermano. Y su miedo está representado, en la primera prueba, por un sapo repugnante; en la segunda, por un ser sangriento y caníbal… y en la tercera, por el Capitán.

Es paradójico que, en una historia de monstruos fantásticos, quien nos provoca más miedo y desprecio sea un humano. Pero el Capitán Vidal ha hecho gala de tales instintos destructivos, de tal crueldad sin sentido, que nos angustia con una sola mirada. Por eso es tan irónico que invierta tanto tiempo en afeitarse, en arreglarse, en estar absolutamente impecable: porque es el ser más horrible de todos los que aparecen en la historia.


Pero como todos los poderosos, tiene un punto débil. Su orgullo le hace estar de espaldas al ama de llaves mientras elige el método de tortura. Y, a pesar de que ella no acaba con él, le hace aparecer como realmente es. Al rajarle el carrillo está haciendo visible su verdadera naturaleza. Por eso se cose la herida él mismo, mirándose al mismo espejo que cuando se afeita por la mañana: porque también está ocultando su monstruoso interior.

21.11.06

En el Laberinto del Fauno (III)

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Siguiendo el pasillo llega a la sala principal. La tentación no es oro ni joyas, sino que, en época de racionamiento, es un gran banquete. Todos los manjares que hay en la mesa están custodiados por el Hombre Pálido, que no reacciona ante la llegada de Ofelia.


A pesar de su aspecto, ella no le tiene tanto miedo como cabría esperar. Tiene la marca en su hombro, ha superado la primera prueba; es la elegida. Se siente segura en ese mundo porque puede solucionar los problemas que hay en él. Por eso, incluso se atreve a coger el platito con los ojos de debajo mismo de las narices (ehm… es un decir) del terrorífico vigilante. Pero ve los frescos de las pareces. Ve la crueldad del ser que está en la mesa con los niños, como una advertencia. Y luego, una imagen, que no por su aparente inocencia deja de ser escalofriante: un gran montón de zapatos(*).

En esta escena, el Hombre Pálido personifica un poder malvado: mientras la niña no ceda a la tentación de la comida, todo irá bien. Las pinturas son un aviso de lo que puede ocurrir si no obedece; pero, al fin y al cabo, son sólo dibujos. Es el montón de zapatos lo que realmente le da miedo. Son un símbolo de la consecuencia más fuerte del fracaso en esta prueba: su camino terminará aquí.

La confianza en sí misma se tambalea. Se acerca a las cerraduras, e intenta hacer caso de las hadas, pero se equivocan. Ella adivina cuál es la cerradura correcta, y eso la tranquiliza. Consigue la daga sin problemas, y piensa que sus temores de momentos antes no tienen ningún fundamento. Ése es su error.


Perséfone, durante su secuestro en el Inframundo, no podía comer ni beber nada, y unas semillas de granada la relegaron a las tinieblas para siempre.

Nuestra niña tropieza en la misma piedra. La culpa esta vez no es de unas semillas de granada, sino que son dos jugosas uvas las que despiertan al Hombre Pálido de su inmovilidad. La amenaza se activa en el momento en que ella se deja llevar por la confianza en sí misma, y piensa que lo tiene todo bajo control. Las consecuencias nefastas que puede tener el desobedecer en la realidad de los adultos se reflejan, en el mundo de fantasía, en esta encarnación del oscuro Saturno de Goya.


Digo que las hadas pueden representar a los tres humanos que ayudan a Ofelia por dos razones: la primera, la dirigen y ayudan en esta misión escalofriante, en que ella sabe que hay peligro, pero en un principio no lo ve de forma directa, sino por los frescos en las paredes (como en el molino, donde intuye que el Capitán es cruel por la forma de comportarse de sus habitantes, pero no porque ella le haya visto serlo); y la segunda, porque en el momento en que la niña abusa de su poder como princesa y se mete en problemas, las hadas intentan ayudarla arriesgando su vida. De hecho, mueren dos de ellas. En el mundo adulto, cuando se descubre que la niña ha colocado la mandrágora debajo de la cama de Carmen, su madre, mueren dos de las tres personas que han estado ayudando a la estabilidad de Ofelia: el médico y su madre. Ambos a manos del Capitán, quien dio órdenes estrictas de que, en caso de un parto difícil, salvaran al bebé.


El sentimiento de culpabilidad de la niña hace que merezca no ser la princesa buscada, debido a su desobediencia; esto impide que pueda seguir con la búsqueda de su reino de hadas, por lo que el Fauno está un tiempo sin aparecer. La vida en el mundo “real” se recrudece, ya que la magia, que era lo que atenuaba el dolor y el odio del entorno (simbolizada por la mandrágora) ha sido erradicada por los adultos. El desesperado intento de la niña por salir de este horror, confiando en su última esperanza (el ama de llaves del molino), resulta fallido. En este momento, ella ve que no puede escapar del todopoderoso Capitán, a menos que…


(*).- Dice Bruno Bettelheim que “los predecesores del héroe que mueren en los cuentos de hadas no son más que las encarnaciones anteriores e inmaduras del propio héroe.” (Psicoanálisis de los cuentos de hadas, p. 189). Es justo lo que parece simbolizar el montón de zapatos que la niña ve en un rincón de la gran sala del banquete.


19.11.06

En el Laberinto del Fauno (II)

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Prueba del Sapo

He estado mirando cosas sobre el significado de los sapos en los cuentos de hadas, y no me han convencido demasiado. Las dos teorías que se siguen son que representa la sexualidad o los impulsos más primitivos del niño. Yo pienso que la película se inclina más por este último, pero tampoco estoy segura. Podría simbolizar el enfrentamiento de Ofelia con los adultos, que para ella son, además de poderosos, repulsivos.

Es muy significativo que la niña se quite el vestido antes de entrar a la prueba, el vestido que le hizo su madre, porque es como si se despojara de toda ayuda materna y se enfrentara a la prueba por sí misma, con lo que es y con lo que no. Ella parece una princesa con ese vestido, pero no lo es, y quiere serlo por méritos propios.


Cuando vemos el vestido en el barrizal, sabemos que ese enfrentamiento del que hablábamos se va a dar, también en el mundo real. En un principio está contenta por haber conseguido la llave… pero el vestido, que ella esperaba ponerse como si nada, está destrozado. Esto implica que ya no puede ocultarse de los adultos tras el “disfraz” hecho por uno de ellos (su madre), sino que tiene que plantarles cara.

Al ir a ver al Fauno, éste ya no nos presenta esa cara tan amable de la primera vez. Ahora es mucho más tenebroso, más oscuro; ni siquiera le habla de la misma forma. Un detalle es que está comiendo y la niña está castigada sin cenar por lo del vestido, como si a él no le importase en absoluto lo que le pasara a ella. Surge la duda en Ofelia, porque ha arriesgado mucho confiando plenamente en él, y ahora no está tan segura de que su decisión sea la correcta.


La tercera vez que ve al Fauno, su madre ha tenido problemas con el bebé y está muy enferma. Ella está preocupada, no ha ido a llevar a cabo la segunda prueba, y él aparece de repente en su cuarto, irritado. Esta actitud también nos pone en alarma, ya que el hecho de que antes la tratara como a una princesa y ahora le esté metiendo prisa nos sugiere que a lo mejor el Fauno está mintiendo, y quiere algo de ella que no le ha dicho. El sentimiento sigue cuando le da la mandrágora, que más que un regalo parece una cesión para que se concentre y siga con las pruebas.


El Hombre Pálido


Esta prueba empieza en el momento en que Ofelia dibuja una puerta con tiza en la pared de su cuarto y accede a un pasillo con suntuosas columnas. Ella misma “fabrica” su entrada en el mundo de fantasía, tomando un grado más de responsabilidad que en la prueba anterior: no sólo tiene que seguir el camino marcado, como la cueva formada por las raíces del árbol, sino que además debe tener la suficiente fuerza de voluntad como para crearlo.

Van con ella tres hadas, como ayuda cedida por el Fauno. En estas tres hadas, yo veo un reflejo de los tres únicos adultos que de verdad se preocupan por ella, por un par de detalles que te contaré más tarde. Calma, calma…

17.11.06

En el Laberinto del Fauno

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WARNING! SPOILERS AHEAD!
Lo que voy a contar puede que te destripe parte de la
películasi no la has visto, así que si sigues leyendo es
bajo tu propia responsabilidad.



¿Te atreves a entrar conmigo en el laberinto?


Tú lo has querido :)

Hadas, sapos encantados, faunos... existe todo un mundo mágico paralelo al nuestro, en el que las cosas más inverosímiles cobran un sentido lógico y único. La única exigencia para entrar en él es una imaginación potente, ya que va a ser nuestro vehículo.

Esta historia, tal y como la vemos en pantalla, se puede interpretar de muchas formas. Yo, siguiendo el hilo de la entrada "El arte de inventar historias", he decidido centrarme en el punto de vista de Ofelia, la niña, y en ese mundo fantástico del que es princesa, que pienso que es fundamental para el desarrollo de la película.

Si te parece bien, vamos a dejar por escrito la situación de Ofelia. Tiene 13 años, acaba de cambiar su entorno por completo, se va a un sitio aislado donde no hay ningún otro niño, y además su padrastro, por lo que podemos ver, no le tiene un cariño especial. Por otra parte, un bosque es un lugar mágico (siempre lo ha sido), y si hay algún lugar donde puede encontrar a los personajes de sus cuentos de hadas, es éste.


Pero los cuentos no son siempre felices. De hecho, casi nunca lo son. Hay muchas, muchas barbaridades que se cometen en las historias infantiles. Analízalos: a Caperucita la devora un lobo (o eso dicen ;) ), la madrastra de Blancanieves quiere asesinarla varias veces, Hansel es engordado para ser la cena de una bruja que esclaviza a su hermana Gretel... Los protagonistas no lo suelen tener fácil. Y a la pobre Ofelia le ha tocado ese papel.

El mundo de fantasía a veces es terrorífico, y ella tiene que conseguir superar las pruebas que le impone el maestro de ceremonias, el Fauno. Podría haber sido cualquier otro personaje mitológico, pero no. Es precisamente un fauno, un súbdito de Pan, dios griego del terror (¡gracias, Scarlett!). Se le presenta servicial, contento de verla al fin, y ella confía. A medida que las pruebas pasan (una de valor, una de obediencia... y una de desobediencia), se da cuenta de que quizá confió demasiado pronto en él.

Toda esta fantasía es la realidad interna de la niña, con lo que eso conlleva. Ella es el centro absoluto, y todo se crea a partir de la percepción que tiene de lo que pasa en el mundo adulto. En un principio podemos tomarlo como un modo de huir, pero poco a poco vemos que las dos historias van de la mano, a veces incluso anticipándose la una a la otra.

Vamos a ver algunas escenas más detenidamente, para que veas lo que quiero decir.


Primera aparición del Fauno



Al principio, el Fauno se presenta de forma agradable, con los renqueos de un anciano achacoso debido a la larga espera. ¡Al fin ha aparecido la princesa Moanna! Entonces le habla del rito iniciático, de las tres pruebas. Y le da un libro.

Esta escena habla del cambio que Ofelia acaba de sufrir. Tanto la mudanza como el laberinto son mundos nuevos para ella, y en ambos tendrá que demostrar quién es para poder ser aceptada. Aunque no hablen de tres pruebas en el mundo real, desde el primer momento se ve que la convivencia en ese sitio (y con alguien como el Capitán) no va a ser fácil.

El libro es importante. La niña necesita un objeto que le mantenga en contacto con el mundo mágico, pero a la vez que no sea de interés para los adultos, para que no se lo quiten a pesar de que lo encuentren. En este caso, conociendo el interés de Ofelia por los cuentos de hadas, un libro es un modo de comunicación perfecto entre el Fauno y ella. Además, es un modo de recibir historias con el que ella está familiarizada.


Por otra parte está el hecho de que un libro es, en sí mismo, algo mágico para un niño, porque no sabe lo que va a estar escrito en sus páginas hasta que no las lee. Esto sería como si las historias, realmente, se fueran escribiendo a medida que el niño va a través de ellas. El libro, que está en blanco para cualquier otra persona, se escribe a medida que Ofelia va pasando su mano por las páginas.