
Buenas, niños y niñas. Estamos todos? Bien, bien... Mientras esperamos a los que se están terminando el cigarrito fuera, y a los que están teniendo dificultades para aparcar, me gustaría contaros en qué consistía exactamente mi puesto en el rodaje, para que veáis este diario con algo de perspectiva.
Digamos que hay varios niveles de tensión en un rodaje, según los imprevistos que aparezcan. En el primer nivel, que casi nunca se da, el director (en este caso, mr.
Dani Lebowski) se puede encargar de todo, más o menos, y mantener el caos bajo control. En el segundo, las cosas se le van un poco de las manos, y necesita a una persona cualificada en quien pueda confiar, alguien en quien delegar algunas tareas. Éste es el ayudante de dirección (aquí,
Mr. Forfy himself). Cuando las condiciones de rodaje son nuevas para el director, es decir, que el rodaje es más complejo de lo acostumbrado por una u otra razón (más actores, espacio más pequeño o de varias plantas...), se hace necesaria la presencia de un segundo ayudante de dirección, que sirve de "gemelo" profesional del primero, estando donde el otro no puede estar (como
El Chico de la Espiral este fin de semana).
Y, cuando el trabajo desborda por demasiados frentes, cuando lo que hay que hacer es urgente y no importa la preparación de quien lo haga, cuando más que ayuda lo que se está pidiendo es auxilio... ahí entro yo (por eso aparezco como
auxiliar de dirección). Y además hago claqueta xD
Ah, bien, bien, ya veo que vais llegando :) Buscad sitio por ahí al fondo, hay risketos y cerveza para todos. Poneos cómodos, que empezamos.
¡Clackett-girl diaries, toma 1! *CLACK*

Viernes, 20:20
Todo el mundo está en el rodaje de exteriores, en Madrid... menos yo, que acabo de salir de clase ¬¬ Se me ha olvidado comer (otra vez), pero estoy tan nerviosa que no tengo casi hambre. Cojo una bolsa de algo grasiento y rico y una botella de Nestea (seguro que hará falta para llenar botellas o servirle un "whiskazo" a algún personaje). Llevo además un par de copas cónicas, de cóctel, que compré en un viaje a Suecia (pero eso es otra historia) y a las que tengo muchísimo cariño... la ocasión, sin duda, lo merece.
Tardo menos de cinco minutos en llegar a la cervecería, y al bajar me siento... rara. Esto el martes era un bar normal y corriente, y ahora parece que hay un portal temporal en algún escalón y he desembocado en los años 50. Claro que sé que no es así, recuerdo perfectamente haber cargado las cajas con las cosas frágiles y las bolsas de las cortinas en casa de Lucía (la fabulosa directora de arte), y recuerdo que me perdí (por supuesto) al volver a casa, y que a mi lado estaba el sufrido ayudante de dirección, sujetando el esqueleto de un biombo como si fuera la barra de una montaña rusa... y que mi pequeña Cucarachita Plateada consiguió, de nuevo superándose, llevarnos a casa, con todo el cargamento y con la incompetente conductora que le ha tocado aguantar.
El martes, Carlos (encantador ayudante de producción) se pasó por mi casa en busca del vestuario, para un ensayo general con los actores. El miércoles, mudanza de cosas de nuevo, de mi casa a la localización (y, a pesar de avisar con tres días de antelación, esa tarde van y me dejan sin Cucarachita ¬¬ menos mal que mi padre, mi hermana y la Anciana Pantera Azul me hicieron el apaño); y a limpiar, embalar vasos cerveceros y ocultar huesos de jamón y botellas de Larios. El jueves, sacar copas, vasos, tazas y botellas de champán de la época; colocar mesas de mármol, sillas, cocteleras, telas, lamparitas... Las cortinas no tapan lo suficiente, va a hacer falta otro juego. ¿Cómo que no has visto nunca una regleta extensible? Hay una silla en la que no se puede sentar nadie, mucho cuidado...
Tiro cuatro fotos, antes de que venga nadie. Mañana esto estará tomado por focos, cables y gente... esto es lo más cerca que voy a estar de sentirme de verdad en la coctelería Capalleja. Me entra una complicidad extraña, como cuando imaginas, sin querer, que tres viejos reyes de las Mil y Una Noches van a recibir la carta que tu primo pequeño está escribiendo. ¡Esto va a ser brutal!

Viernes aún, 21:30
De camino a casa, para cambiarme y prepararme. A la salida de la cervecería me he encontrado con Jorge, nuestro forzudo superhéroe, y Pili, la abnegada peluquera, que me ha enseñado en rigurosa primicia los peinados que les acaba de hacer a las actrices, y son alucinantes. Los 30 kilos de laca que llevan encima deberían hacer que aguantaran todo el día de mañana, y el domingo ella va a llegar a las siete para retocarlas.
Les dejo esperando a Dani y a Lucía, yo aún tengo trabajo que hacer. Antes hablé con Mr. Forfy: el rodaje en exteriores ha sido acojonante, todo ha salido a pedir de boca. Txema Blasco les ha dejado flipados a todos, Dani tenía miedo porque en el ensayo general aún tenía que preparar un poco el personaje, pero por lo visto el hombre está dispuesto a darlo todo en este proyecto. No me ha querido contar más, nos encontraremos en la parada del metro de cerca de mi casa. Reposto y a la suya, que tenemos que preparar los bocadillos para mañana. Hay que estar a las 7 allí... ayyy...
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