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7.2.07

Tiempos Olvidados (IV): el Peso

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Pobre tortuga gigante. Sí, yo también sigo pensando en ella. Y como homenaje, porque no hay mucha gente que se preocupe por ella hoy en día, he decidido hacer una edición especial del Ciclo de Lecturas.

Como te comentaba, la concepción hindú del mundo me resultaba familiar (y ESO no lo puedes confundir con algo que has soñado... o bueno, quizá sí... entonces serías una especie de semidiós hindú... ¡vaya, qué suerte! ¡te reencarnarías en vaca! :D). A lo que voy. Esta idea fue recuperada como escenario de una de las más estrafalarias sagas de la literatura de ciencia ficción actual. Y no hablo de dos o tres libritos sueltos, no. Con que le eches un vistazo a la guía de lectura que un amable lector ha tenido a bien elaborar, te darás cuenta de a qué me refiero.

Para saber más de este mundo tan deliciosamente extraño, te recomiendo que te des una vuelta por la misma Concha del Gran A'Tuin. La única forma de saber qué se le pasa por la cabeza a una tortuga cósmica es preguntándoselo tú mismo.

¿O no?



La Gran Tortuga A'Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar, con los pesados miembros llenos de hidrógeno congelado, la enorme y viejísima concha llena de cráteres de meteoros. Con unos ojos del tamaño de mares, encostrados de lágrimas reumáticas y polvo de asteroides, Él contempla fijamente el Destino.

En una mente más grande que una ciudad, con lentitud geológica, Él piensa sólo en el Peso.

Por supuesto, la mayor parte del peso se debe a Berilia, Tubul, Gran T'Phon y Jerakeen, los cuatro elefantes gigantes sobre cuyos lomos y amplios hombros bronceados por las estrellas descansa el disco del mundo, enguirnaldado por una enorme catarata a lo largo de toda su circunferencia, y cubierto por la bóveda azul pálido del cielo.

Hasta ahora, la astropsicología no ha sido capaz de averiguar en qué van pensando.

[...]

Existía la teoría de que A'Tuin venía de la nada y seguiría arrastrándose a velocidad regular, con Paso Uniforme, hacia la nada, durante el resto de los tiempos. La mayoría de los intelectuales apoyaban esta teoría.

Una alternativa, sostenida sobre todo por los más religiosos, era que A'Tuin se arrastraba desde el Lugar de Nacimiento hacia el Momento de la Cópula, al igual que todas las estrellas del cielo que, evidentemente, también viajaban a lomos de tortugas gigantes. Cuando llegaran, copularían breve y apasionadamente por primera y única vez, y de tan ardiente unión nacerían nuevas tortugas que transportarían nuevos mundos. Se conocía esta hipótesis como Teoría del Big Bang.

"El color de la magia", Terry Pratchett

5.1.07

Escapada

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No lo puedo creer. En el mejor sentido, entendedme. En una de mis secciones favoritas de esta página, me ha salido una especie de colaboradora!! :D Bueno, es una forma de llamarla, pero lo que quiero decir es que Estrella se ha unido al Ciclo de Lecturas desde su Chask... y a mí no me puede hacer más ilusión ^_^ Espero que le guste elaborarlo tanto como a mí... y que disfrutéis al menos la mitad de lo que disfrutamos nosotras preparándolo.

Y sin más cháchara, ladies and gentlemen, pasen y vean.

30.12.06

El ponche de San Silvestre

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La última noche del año es y será mágica, por más que nos empeñemos en emborracharla y encerrarla en una discoteca. Es un símbolo de transición desde los romanos, que usaban para caracterizar a Enero al dios Janus (con dos caras, una de un anciano que mira atrás, al año que se va, y otra de un joven que mira al frente, al principio del que llega).


El dios de las puertas, de los principios y los finales.

Por supuesto, una noche tan inspiradora no podía dejar de estar en el Ciclo de Lecturas. Esta misma mañana este libro ha destacado de alguna forma entre los otros de mi estantería, y no he podido evitar hablarte de él. Además, es uno de mis pocos tesoros en tapa dura, y eso (y sus ilustraciones) le hacen muy especial.

Desde que lo leí, las palabras-catalejo me han dado vueltas en la cabeza, hasta que descubrí el idioma materno del autor, y con él el origen de las mismas. Además, Belcebú Sarcasmo y Tirania Vampir, y el entorno en el que se desarrolla su historia, me parecieron terroríficamente sugerentes. De una forma u otra, este autor siempre lo consigue. Pero ya te contaré más de él; éste no será el último libro suyo en el Ciclo ;)

De momento, celebremos, que son días de eso ^_^ Te invito a un poco de punsch. ¿Te apetece?





- Está bien - le gritó súbitamente -. Te lo diré, maldito calavera dura. Pero antes tienes que jurar por el Tenebroso Banco-Palacio de Plutón que luego me venderás tu parte del rollo de pergamino.

El mago rezongó algo e hizo un ambiguo movimiento de cabeza que podía interpretarse como un asentimiento.

La bruja acercó su silla a la de su sobrino, se sentó jadeando y dijo con voz apagada:

- Ahora escúchame: se trata de la receta para el fabuloso ponche genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso de los deseos. Es uno de los más antiguos y poderosos hechizos negros del universo. Sólo funciona la noche de San Silvestre, porque entonces el deseo tiene una virtud muy especial. Hoy nos encontramos precisamente a mitad de las doce noches que hay entre Navidad y Reyes, durante las cuales, como es sabido, andan sueltas todas las fuerzas de las tinieblas. Por cada vaso de esta bebida mágica que uno toma de un trago se le cumple un deseo, si lo formula en voz alta.

Sarcasmo había escuchado la explicación de la tía con los ojos extraviados. Su cerebro estaba trabajando. Preguntó con gran excitación:

- Por el Giga-Gamma-Super-Gao, ¿cómo puedes estar segura de eso?

- El modo de empleo se halla al comienzo de la receta, en la parte del pergamino que tengo yo.

Por el cerebro del mago cruzaban como relámpagos mil pensamientos distintos. De pronto había descubierto que ese ponche de los deseos le permitiría subsanar en un abrir y cerrar de ojos todas sus omisiones en materia de maldades. Lo que tan repentina e inesperadamente estaba a su alcance era su salvación. Aún podía darle un chasco al alguacil infernal. Pero, naturalmente, tenía que conseguir ser el dueño exclusivo de aquella fabulosa bebida. En ningún caso le daría ahora a la tía su parte del pergamino, por mucho que le ofreciera a cambio. Al contrario, tenía que hacerse con la parte de la bruja a cualquier precio, aunque tuviera que quitarle la vida o enviarla a una galaxia lejana mediante un conjuro. Pero eso no era tan fácil de hacer como de imaginar. Él conocía demasiado bien los poderes de la bruja y tenía poderosas razones para guardarse de ella.

[...]

De repente, Sarcasmo dio media vuelta y dijo:

- Me temo, querida Titi, que no vamos a sacar nada en claro, aunque lo siento por ti. Te has olvidado de un detalle o, más exactamente, de dos: del gato y del cuervo. Ellos querrán estar presentes. Y como tienes que formular tus deseos en voz alta, se enterarán de todo. Y entonces se te echará encima el Consejo Supremo de los Animales. [...]

Tirania sonrió, y sus dientes de oro volvieron a brillar.

- Eres muy amable conmigo, muchachito. Me alegra que te preocupes tanto por mí. Pero estás muy equivocado. ¡El gato y el cuervo tienen que estar presentes! Y es muy importante tenerlos como testigos. En eso está precisamente la gracia del asunto.

- ¿Cómo es eso?

- A fin de cuentas - explicó la bruja - no se trata de una pócima cualquiera. El ponche genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso tiene una propiedad que es ideal. Transforma en lo contrario lo que uno desea. Desea uno salud, y surge una epidemia; habla uno de bienestar general, y en realidad provoca la miseria; habla uno de paz, y el resultado es la guerra. ¿Has comprendido ya que se trata de una poción maravillosa?

Tirania sonrió de placer y prosiguió:

- Ya sabes cuánto me gustan los actos benéficos. Son mi pasión. Pues bien, hoy voy a organizar una fiesta, ¿qué digo?, ¡una orgía benéfica!


"El ponche de los deseos", Michael Ende

8.10.06

Lápidas en forma de corazón

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¡Hola otra vez!

¿Cómo estás? La última vez, no sé si te acuerdas, te conté que había encontrado libros muy especiales en la mudanza. De todos los proyectos que tengo pensados llevar a cabo en esta nueva casa (que cada vez me es más familiar... ¡espero que estés a gusto en ella!), uno de los más importantes es este Ciclo que compartimos de vez en cuando :)

El que te presento hoy es uno de mis libros más antiguos. Está en mi cuarto desde que tengo memoria y, cuando ya crecí, fue uno de los intentos (vanos) de mis padres por acercar a mis hermanas pequeñas a la lectura (como atestigua el nombre de mi hermana escrito por mi madre en la primera página). Me contaron que leer el original (en alemán), a pesar de ser un libro para niños, era un infierno; eso y la película que hicieron con el mismo nombre le convirtieron en un título odiado por muchos.

Pero a mí me sigue gustando. Además, hubo un tiempo en que deseé que me dejaran sola los sábados por la noche... sólo para comer queso y beber zumo de manzana mientras veía una película en la tele, tapada hasta las orejas con una manta. Aún es una tarea pendiente; nunca hay zumo de manzana en casa.

¿Tienes miedo a los vampiros?



[...] La habitación estaba bastante lóbrega y sombría. King Kong, en el póster de la pared, hacía una mueca horrenda que iba bien con el estado de ánimo de Anton: se sentía salvaje y abandonado como el único superviviente de una catástrofe marítima, náufrago en una isla del sur habitada por caníbales. Y la cama era su madriguera, suave y cálida, y si quería podía esconderse en ella y no dejarse ver. Había un montón de víveres delante de la netrada de la cueva; sólo faltaba el agua de fuego. Anton pensó, anhelante, en la botella de zumo de manzana que había en la nevera, ¡pero hasta allí había un largo camino a través del oscuro pasillo! ¿Debería regresar nadando al barco, pasando al lado de los tiburones sedientos de sangre que sólo esperaban sus víctimas? ¡¡Brrr!! Pero ¿no morían los náufragos mucho más por la sed que por el hambre?

Por tanto, se puso en camino. ¡Odiaba el pasillo, con la lámpara eternamente rota que nadie reparaba! ¡Odiaba los abrigos que se balanceaban en el ropero y que parecían ahogados! Y ahora le daba miedo incluso la liebre disecada del cuarto de trabajo de su madre, a pesar de que otras veces a él le gustara tanto asustar con ella a otros niños.

Finalmente había llegado a la cocina. Sacó de la nevera la botella de zumo de manzana y cortó una gruesa rebanada de queso. Haciendo esto escuchaba para ver si había comenzado la película policiaca. Oyó una voz de mujer. Probablemente la locutora que anunciaba el comienzo de la película. Anton se sujetó la botella bajo el brazo y echó a correr.


[...]


[A las tres de la tarde de un domingo]
Anton había abandonado ya la parte del cementerio en la que los caminos estaban rastrillados y los setos cuidadosamente podados. Allí, detrás de la capilla, la hierba crecía casi hasta la altura de la rodilla y tenía que abrirse camino a través de malas hierbas y arbustos. Pero a lo lejos veía el muro del cementerio. En algún lugar de los alrededores tenía que estar el abeto... ¡y la entrada a la cripta! [...]

Casi tropezó con una lápida en la hierba. Era una curiosa piedra: ¡tenía la forma de un corazón! Y con escritura florida y apenas legible ya ponía: "Ludwig von Schlotterstein, 1803-1850". Anton se sorprendió, pues si las fechas estaban bien, ¡el padre de Rüdiger llevaba más de cien años muerto! [...]. Todas las lápidas tenían forma de corazón. Realmente era demasiado extraño, y cualquiera se quedaría perplejo. ¿Y qué es lo que podría significar un corazón? En primer lugar, amor -Anton se rió para sí- y en segundo lugar, ¡¡¡sangre!!! ¿Quién no sabía que el corazón bombeaba la sangre por el cuerpo?

Cuando Anton comparó las cifras de los años se dio cuenta de que los vampiros habían muerto en una secuencia determinada; precisamente, siempre con un intervalo de un año: primero Sabine, luego Wilhelm, Hildegard, Ludwig, Dorothee y Theodor. ¿Significaba eso que siempre, uno al otro...? ¿Y los niños? ¿Quién les había...? Y, además, ¿dónde estaban sus lápidas?

Pero por mucho que Anton buscó, sólo encontró simples losas grises que, con seguridad, no guardaban ninguna tumba de vampiro. Quizá el pequeño vampiro y sus hermanos no tenían lápida. Presumiblemente murieron siendo los últimos de los Schlotterstein y no tuvieron a nadie que les procurara un entierro de vampiros en condiciones.

"El pequeño vampiro", Angela Sommer-Bodenburg

27.8.06

El llanto de la ventisca

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¡Vuelvo con el Ciclo de Lecturas!

Y vuelvo con novedades bajo el brazo, adquisiciones recientes y reencuentros en las estanterías de mi cuarto. Además, tengo ganas de probar la nueva casa con una entrada como ésta :)

¿Me has echado de menos? Yo he estado pensando mucho en el siguiente libro que compartir contigo, y estos días he encontrado algunos que han sido muy especiales para mí. Éste es uno de ellos. Se convirtió en mi libro favorito cuando entré en el instituto, y siguió siéndolo durante varios años, aunque el puesto era compartido.

Curiosamente, no he oído hablar de su autora ni antes ni después de leer el libro, y digo que es curioso porque este mismo libro no sólo tuvo mucho éxito, sino que incluso ha sido llevado al cine. Apareció en mi casa de repente (ahora sé que debido al Espacio-B), e imagino que cayó en mis manos una tarde de verano como ésta (grado arriba, grado abajo). Cada vez que pienso en la historia en sí, me da por pensar que no lo habría leído si me la hubieran contado... pero hay algo en este libro que me enganchó, y que me tuvo enganchada durante mucho tiempo. Espero que, aunque tampoco lo sepas identificar, lo descubras tú también.

Te dejo con Mary Lennox y el viento bramando en la mansión de Misselthwaite.




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Mary desconocía lo que quería decir "bramar", hasta que puso más atención, y luego lo comprendió. Seguramente sería el ruido hueco y estremecedor que empujaba por toda la casa, como si un gigante imposible de ver fuera dando golpes y puñetazos a las paredes y ventanas para poder entrar. [...]

Pero al oír el viento también oyó algo más. No podía percibir lo que era, porque al principio casi no podía distinguirlo de la misma ventisca. Era un sonido incomprensible, hasta parecía que fuera un niño llorando. A veces el mismo viento gemía un poco como el llanto de una criatura, pero finalmente Mary se convenció de que este sonido procedía de la mansión, no de fuera. Sí, era un llanto remoto, pero estaba dentro de aquella casa. Se giró y miró a Martha.

- ¿No oyes como si alguien llorara? - le dijo.

Martha parecía confundida.

- No - respondió -. Es el viento. A veces suena como si alguna persona se hubiera perdío en el páramo y fuera un llanto. Si el viento resuena de tantas maneras...

- Pero escucha - le insistió Mary -. Si parece dentro de la casa, por uno de esos largos corredores.

En ese mismo momento se debió de abrir una puerta en alguna parte de la planta baja; una fuerte corriente abrió de par en par la puerta del cuarto donde estaban, produciendo un gran ruido. Se levantaron las dos de un salto; justo en ese instante se apagó la vela y les llegó el sonido del llanto por el pasillo, y se podía escuchar mejor que nunca.

- ¿Ves? -exclamó Mary-. Te lo dije. Es alguien que está llorando... y no es una persona mayor.

Martha atrancó la puerta con gran celeridad y giró la llave, pero antes de hacerlo ambas oyeron un portazo en algún pasillo retirado, y luego se quedó todo en silencio, pues hasta el viento dejó de bramar durante unos instantes.

- Era el viento -dijo Martha con porfía-. Y si no, seguro que era la pobre Betty Butterworth, la fregona, que ha padecido to el día un dolor de muelas muy malo.

Pero había un cierto desasosiego, una cierta torpeza en su forma de hablar que hizo que la niña la mirara con gran atención; dedujo que Martha no estaba diciendo la verdad.

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"El jardín secreto", Frances Hodgson Burnett